La Encuesta de Ritmo Empresarial 2026-II muestra un primer semestre sin expansión generalizada, pero tampoco con el desplome que podían sugerir los escenarios más pesimistas: 61 % de las empresas sostuvo o aumentó sus ventas y 76 % mantuvo o amplió su planta laboral. Para lo que resta del año, las expectativas mejoran considerablemente.
La economía empresarial de Casanare atravesó el primer semestre de 2026 con dificultades para crecer, pero resistió mejor de lo que podría desprenderse de una lectura centrada únicamente en las empresas que retrocedieron.
La nueva Encuesta de Ritmo Empresarial 2026-II, presentada el 24 de septiembre por la Cámara de Comercio de Casanare, encontró que 20 % de las empresas aumentó sus ventas y 41 % logró mantenerlas. Agrupadas ambas categorías, el 61 % no registró retroceso, mientras que 39 % sí reportó menores ventas frente al segundo semestre de 2025.
La fotografía no es la de una bonanza: apenas una de cada cinco empresas logró vender más. Pero tampoco corresponde a un escenario de caída generalizada, porque la mayoría consiguió sostener o mejorar su nivel de ventas.
El empleo también resistió, aunque una de cada cuatro empresas redujo personal
En materia laboral se repite una dinámica semejante. Cerca del 8 % de las empresas aumentó su planta de trabajadores y 68 % la mantuvo, mientras que 24 % la redujo durante el primer semestre. En conjunto, aproximadamente tres de cada cuatro empresas conservaron o ampliaron su personal.
Esto no elimina la señal de alerta: que una de cada cuatro empresas haya reducido trabajadores muestra que hubo ajustes importantes. Sin embargo, tampoco permite afirmar que se produjo una destrucción generalizada del empleo empresarial.
La propia encuesta concluye que el comportamiento del empleo fue prudente: apenas 7,6 % aumentó personal frente a 24,5 % que lo redujo, mientras la mayoría optó por mantener su nómina.

Reforma laboral y salario mínimo: hubo ajustes, pero no un colapso general
Uno de los capítulos más sensibles del estudio tiene que ver con la reforma laboral y el aumento del salario mínimo.
El 57 % de las empresas encuestadas manifestó haber realizado algún cambio en su nómina asociado a estos dos factores. Entre quienes hicieron ajustes, 56 % modificó turnos o jornadas laborales; 32 % redujo personal; 24 % disminuyó contratación y 18 % redistribuyó cargas entre la nómina existente. La pregunta permitía seleccionar más de una respuesta.
El dato confirma que las nuevas condiciones laborales incidieron en decisiones empresariales, pero no permite concluir que hayan provocado, por sí solas, una crisis generalizada del empleo.
La misma encuesta muestra que 76 % de las empresas mantuvo o aumentó su planta laboral. Por eso, una lectura rigurosa exige sostener las dos realidades al mismo tiempo: hubo empresas que recortaron personal y contratación, pero la mayoría consiguió mantener o aumentar el empleo.

La inversión se sostuvo mejor que las ventas
Otro resultado relevante aparece en la inversión.
El 36,3 % de las empresas realizó inversiones en maquinaria, equipos o ampliación de capacidad productiva durante el primer semestre. Casanare quedó por encima del promedio de las 21 cámaras participantes, ubicado alrededor del 31,4 %.
No significa que exista una expansión general del aparato productivo: casi dos terceras partes de las empresas no reportaron nuevas inversiones. Pero sí muestra que, aun en un semestre de ventas moderadas y ajustes laborales, más de una tercera parte continuó destinando recursos a fortalecer su capacidad empresarial.

El optimismo para el segundo semestre es mucho mayor
La mayor diferencia aparece cuando los empresarios dejan de describir lo ocurrido y hablan de lo que esperan para los próximos meses.
Para el segundo semestre, 69 % proyecta aumentar sus ventas, 27 % mantenerlas y apenas 4 % disminuirlas. En términos agregados, 96 % espera como mínimo conservar su nivel actual de ventas.
En empleo ocurre algo parecido: alrededor de 19 % espera aumentar su planta laboral, 78 % mantenerla y solo 3 % reducirla. Es decir, 97 % proyecta sostener o ampliar el número de trabajadores.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre percepción y resultado. La encuesta mide expectativas empresariales; no demuestra que esa recuperación ya se haya producido.
El verdadero examen será comprobar, al finalizar el año, cuánto de ese optimismo terminó convertido en ventas, contratación e inversión efectivas.

La inseguridad gana terreno entre los problemas empresariales
La incertidumbre política y económica continúa encabezando las dificultades reportadas por las empresas, con alrededor de 22 %.
Pero la variación más significativa está en la inseguridad: 16 % de los empresarios la identificó como su principal dificultad, diez puntos porcentuales más que en la medición anterior. La carga tributaria, en contraste, pasó de ser mencionada por 20 % a 12 %.
La encuesta muestra así un cambio en las preocupaciones empresariales: los impuestos siguen presentes, pero inseguridad e incertidumbre adquieren mayor peso relativo en las decisiones de operación y crecimiento.

Un termómetro del empresariado afiliado, no de toda la economía
La Encuesta de Ritmo Empresarial consultó a 237 empresas afiliadas de un universo de 503, principalmente ubicadas en Yopal, Villanueva, Tauramena y Aguazul. La muestra tiene un nivel de confianza del 95 % y margen de error del 5 %.
Además, 91 % de las empresas encuestadas son micro o pequeñas empresas, una característica fundamental para interpretar los resultados.
Por ello, el estudio funciona como un termómetro estadísticamente representativo del universo de empresas afiliadas a la Cámara de Comercio de Casanare, no como un censo de todas las empresas y actividades económicas existentes en el departamento.
Resistir no es lo mismo que crecer
El resultado general admite dos conclusiones simultáneas.
La primera es que el tejido empresarial enfrentó dificultades reales: cuatro de cada diez empresas vendieron menos, una de cada cuatro redujo personal y solo una quinta parte consiguió incrementar sus ventas.
La segunda es que la mayoría consiguió sostenerse, la inversión no se paralizó y los pronósticos de un deterioro generalizado no aparecen reflejados en los resultados de esta encuesta.
No hubo bonanza, pero tampoco quiebra general.
El desafío para el segundo semestre será otro: comprobar si esa capacidad de resistencia logra convertirse en crecimiento. Porque el optimismo empresarial ya está en las cifras; ahora falta que aparezca en las cajas registradoras, la inversión y el empleo.
