El departamento mejoró ligeramente su calificación en el Índice Departamental de Competitividad 2026, pero cayó al puesto 17 entre 33 territorios. La radiografía revela una contradicción profunda: es relativamente fácil crear empresas y encontrar trabajadores, pero resulta mucho más difícil hacerlas crecer, innovar, exportar productos diferentes a los hidrocarburos y retener talento especializado.

Casanare avanzó, pero el resto del país avanzó más rápido.
Esa es una de las principales conclusiones que deja el Índice Departamental de Competitividad 2026: el departamento elevó su puntaje de 5,03 a 5,08 sobre 10, pero descendió del puesto 16 al 17 entre los 32 departamentos y Bogotá.
El resultado ubica a Casanare apenas por encima del promedio nacional, que fue de 5,07. No se trata de un desplome, pero tampoco de un avance suficiente para cerrar las brechas que separan al territorio de las regiones con economías más diversificadas. El IDC evalúa 93 indicadores agrupados en 13 pilares y cuatro grandes factores, utilizando datos oficiales.

La paradoja casanareña
La principal conclusión no está solamente en el puesto 17, sino en la forma desigual como se comportan los diferentes pilares.

Casanare aparece en el cuarto lugar nacional en entorno para los negocios, con 5,97 puntos. También ocupa el quinto puesto en educación básica y media, con 7,48, y el séptimo en mercado laboral, con 7,43.
Esto significa que el departamento cuenta con condiciones favorables para registrar empresas, una población laboralmente activa y resultados escolares superiores a los de buena parte del país.
El problema comienza después.
La facilidad para abrir una empresa no se está traduciendo en compañías medianas y grandes, cadenas productivas complejas o productos con mayor valor agregado. El tejido empresarial continúa dominado por micronegocios que nacen con relativa facilidad, pero encuentran dificultades para crecer, incorporar tecnología y conquistar nuevos mercados.
En otras palabras: Casanare abre negocios, pero no consigue que suficientes negocios escalen.

Mucho bachiller destacado, poca educación superior
La educación exhibe otra contradicción estructural.
Casanare ocupa el quinto lugar nacional en educación básica y media, pero cae al puesto 23 en educación superior y formación para el trabajo.
El departamento logra buenos resultados durante la etapa escolar, pero pierde capacidad cuando los jóvenes necesitan ingresar a programas universitarios, técnicos, tecnológicos y de posgrado. La cobertura de formación técnica y tecnológica obtiene apenas 1,16 puntos, mientras la universitaria alcanza 2,63.
La consecuencia es conocida: muchos jóvenes deben salir del departamento para estudiar y una parte importante no regresa porque Casanare tampoco ofrece suficientes empleos especializados, centros de investigación o empresas capaces de absorber ese conocimiento.
El territorio forma talento en la escuela, pero no ha construido el puente necesario para convertirlo en conocimiento productivo dentro del propio departamento.
Una economía que exporta casi siempre lo mismo
El mayor rezago aparece en sofisticación y diversificación, donde Casanare ocupa el puesto 28, con 3,57 puntos.
El indicador más crítico es la diversificación de la canasta exportadora: 0,55 sobre 10, frente a un promedio nacional de 4,75.
Casanare tiene capacidad para llevar productos a diferentes destinos, pero continúa exportando prácticamente una misma familia de bienes: hidrocarburos y productos vinculados al sector extractivo.
La dependencia petrolera produce una economía de altos ingresos, pero también vulnerable. Cuando suben los precios del crudo, aumentan los recursos y la actividad económica; cuando caen, el departamento queda expuesto porque no ha consolidado suficientes alternativas agroindustriales, tecnológicas, manufactureras o de servicios especializados.
El dato obliga a cuestionar una idea muy repetida: tener petróleo no equivale automáticamente a tener una economía competitiva. La riqueza extraída del subsuelo puede elevar el producto interno bruto, pero no necesariamente crea capacidades productivas permanentes.
El petróleo sale; la tecnología casi no queda
La innovación representa otro de los puntos más débiles. Casanare obtiene 1,40 sobre 10 y ocupa el puesto 26.
El departamento registra cero en patentes y cero en sinergia de la investigación. El indicador de investigadores activos apenas alcanza 0,08, muy lejos del promedio nacional.
Esto significa que universidades, empresas e instituciones públicas funcionan como piezas separadas. Se realizan capacitaciones, proyectos, consultorías y eventos, pero existe muy poca investigación aplicada que resuelva problemas concretos de la producción regional.
La contradicción es especialmente fuerte en un departamento que durante décadas ha recibido regalías y ha albergado algunas de las operaciones energéticas más importantes del país.
Casanare exporta petróleo y gas, pero todavía no construye una base sólida de conocimiento, tecnología y proveedores locales capaces de trascender la actividad extractiva.
Se crean empresas, pero no necesariamente poder económico local
El buen resultado en entorno para los negocios también necesita una lectura crítica.
La facilitación de trámites alcanza 9,81 sobre 10, una de las mejores calificaciones del país. Esto demuestra que registrar una empresa resulta relativamente sencillo.
Pero la participación de medianas y grandes empresas permanece por debajo del promedio nacional. Por tanto, una elevada creación de registros mercantiles no significa necesariamente que exista un empresariado fuerte.
Una economía llena de pequeños negocios de supervivencia puede exhibir altas tasas de emprendimiento y, simultáneamente, bajos niveles de productividad, innovación y acumulación empresarial.
La pregunta estratégica no es cuántas empresas nacen, sino cuántas sobreviven, crecen, generan empleo estable, incorporan conocimiento y dejan riqueza circulando en Casanare.
Lo que debería cambiar
El estudio propone intervenir en cuatro frentes: investigación aplicada, formación especializada, escalamiento empresarial y seguimiento público permanente.
Entre las acciones planteadas aparece la creación de un fondo financiado con recursos de ciencia, tecnología y regalías, en el cual las empresas presenten problemas productivos reales y las universidades reciban recursos para desarrollar soluciones conjuntamente.
También plantea orientar programas técnicos y tecnológicos hacia áreas con potencial territorial: mecatrónica agroindustrial, biotecnología, energías renovables, logística, servicios ambientales y metalmecánica.
El planteamiento es razonable, pero requiere superar una práctica recurrente: distribuir recursos entre proyectos desconectados, eventos temporales y consultorías que producen documentos sin transformar las capacidades del territorio.
La llamada “triple hélice” —Estado, empresas y academia— no puede reducirse a fotografías, mesas de trabajo o convenios. Debe producir laboratorios, investigadores, tecnologías, patentes, proveedores locales, empleos especializados y nuevos productos.
El verdadero debate
Casanare no carece de recursos económicos, empresas, jóvenes preparados ni actividad productiva. Lo que falta es una estructura capaz de conectar esos elementos y convertirlos en una economía menos dependiente.
El departamento tiene buenos colegios, facilidad empresarial y un mercado laboral dinámico. Pero esos logros encuentran un techo cuando deben transformarse en educación superior, investigación, innovación, empresas de mayor escala y exportaciones diferentes al petróleo.
El puesto 17 no constituye una tragedia estadística. Es una advertencia.
Casanare puede seguir celebrando el volumen de su PIB y la riqueza que sale del subsuelo, o preguntarse por qué, después de décadas de explotación petrolera y regalías, todavía ocupa los últimos lugares en innovación, diversificación y formación especializada.
Esa es la discusión que el Índice Departamental de Competitividad debería abrir entre la Gobernación, las alcaldías, la Cámara de Comercio, las universidades, el SENA, las empresas petroleras y la sociedad casanareña.
