La Alcaldía de Yopal presenta como compromiso cumplido la rehabilitación de 11 kilómetros de vías en la Comuna VII. La intervención llegó después de un plantón comunitario y no resuelve la principal exigencia de los habitantes: pavimento y una ruta clara para superar una deuda urbana de casi dos décadas.
Hace pocas semanas, habitantes de Xiruma I, Villa Lucía, Senderos de Guarataros y Bosques de Sirivana salieron a protestar por el deterioro de sus vías. El malestar aumentó al observar que, muy cerca de estos sectores, avanzaban obras de repavimentación mientras dentro de sus barrios continuaban transitando por calles destapadas.
La presión produjo una respuesta. La Administración Municipal llevó maquinaria y realizó trabajos de rehabilitación sobre 11 kilómetros de vías. Este jueves presentó la intervención bajo el mensaje: “Marco Tulio lo prometió y cumplió”.
Pero la secuencia de los hechos importa.
Las máquinas no antecedieron al reclamo ciudadano: llegaron después del plantón y de la presión ejercida por los habitantes. Reconocerlo no le resta valor al mantenimiento realizado, pero sí cambia la lectura de lo ocurrido: más que una iniciativa surgida espontáneamente de la Administración, fue una respuesta a una comunidad que decidió hacerse escuchar.
11 kilómetros intervenidos, pero siguen siendo vías sin pavimentar
La intervención mejora las condiciones actuales de circulación y sería incorrecto desconocerlo. Sin embargo, tampoco puede confundirse la rehabilitación de una vía en afirmado con una solución definitiva.
Las imágenes de los trabajos muestran maquinaria realizando conformación, nivelación y compactación sobre calles que continúan sin pavimento.
Y esa diferencia resulta particularmente importante en Yopal. Las lluvias, las escorrentías y el tránsito terminan deteriorando nuevamente este tipo de superficies. El mantenimiento permite recuperar temporalmente la transitabilidad, pero tarde o temprano la maquinaria debe regresar.
La Alcaldía habla de “11 kilómetros de vías renovadas”. Para los habitantes, en cambio, permanece la pregunta que originó buena parte del inconformismo: ¿cuándo llegará el pavimento?
¿Y si no pueden pavimentarlas todas, por qué no comenzar por una vía principal?
La comunidad tampoco está planteando necesariamente que todas las calles sean pavimentadas simultáneamente. Entre las alternativas aparece una mucho más concreta: intervenir al menos un corredor principal interno de Villa Lucía que permita mejorar la movilidad y descongestionar el tránsito del sector.
Sería una solución progresiva: comenzar por un eje estratégico mientras se estructura una intervención de mayor alcance para los demás barrios.
Eso obliga a trasladar la discusión desde el “no se puede” hacia una pregunta mucho más útil: ¿qué sí puede hacerse y en qué plazo?




La supuesta ilegalidad de los barrios no puede cerrar la discusión
Durante la controversia también circuló la explicación de que la pavimentación tendría dificultades debido a problemas relacionados con la legalidad o situación urbanística de estos sectores.
Si existen esas restricciones, la Administración Municipal debería explicarlas con precisión: cuál es la situación jurídica y urbanística de cada barrio, qué vías están incorporadas al sistema vial municipal, qué obligaciones correspondían originalmente a los urbanizadores y cuáles quedaron pendientes.
Porque después de cerca de dos décadas de consolidación urbana, señalar simplemente que existen problemas heredados no resuelve nada.
Si hubo incumplimientos de urbanizadores, deficiencias en las cesiones, fallas de planeación o administraciones que permitieron durante años la consolidación de estos sectores sin completar su infraestructura, corresponde establecer responsabilidades. Lo difícil de aceptar es que las consecuencias terminen recayendo indefinidamente sobre las familias que viven allí.
La protesta consiguió una respuesta; ahora falta una solución
Los 11 kilómetros rehabilitados representan una mejora y constituyen una respuesta concreta al reclamo ciudadano. Pero presentarlos como el final del problema sería exagerar el alcance de una intervención de mantenimiento.
La Comuna VII consiguió que las máquinas llegaran después de protestar. Ahora el reto de la Administración de Marco Tulio Ruiz es demostrar que su respuesta no terminará cuando desaparezcan las motoniveladoras.
Los habitantes de Xiruma I, Villa Lucía, Senderos de Guarataros y Bosques de Sirivana necesitan saber algo mucho más importante: si existe una ruta técnica, jurídica y presupuestal para pavimentar progresivamente sus vías y cuánto tiempo más deberán esperar.
Porque una cosa es pasar la máquina.
Otra muy distinta es saldar una deuda urbana acumulada durante años.
