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A 24 años de la masacre del Páramo de La Sarna: la memoria que une a Boyacá y Casanare

Memorial de la masacre del Páramo de La Sarna

El 1 de diciembre de 2001, a la altura del Páramo de La Sarna, en la vía que comunica Sogamoso con Labranzagrande, hombres armados de las Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC) detuvieron un bus de la empresa Cootracero y obligaron a descender a sus pasajeros.
Minutos después, 15 personas fueron asesinadas a sangre fría. Entre las víctimas había campesinos, docentes, estudiantes y trabajadores que se desplazaban entre municipios de la región. Solo sobrevivieron una mujer y dos menores de edad.

Hoy, 24 años después, La Sarna sigue siendo un símbolo de dolor, pero también de resistencia y memoria para las comunidades de Boyacá y Casanare.


Los hechos que estremecieron la región

El bus de Cootracero, que había salido de Sogamoso hacia Labranzagrande, fue detenido por un grupo paramilitar que adelantaba su expansión territorial desde Casanare hacia la cordillera boyacense.
Los pasajeros fueron obligados a tenderse en el suelo antes de ser ejecutados bajo la acusación, nunca demostrada, de colaborar con la guerrilla del ELN.
Investigaciones posteriores confirmaron que todas las víctimas eran civiles desarmados.

La masacre hizo parte de un contexto más amplio de disputa armada en la zona, donde corredores rurales y carreteras eran utilizados para controlar población, intimidar campesinos y asegurar el tránsito hacia los Llanos Orientales.


Responsabilidades y justicia incompleta

La estructura responsable de la masacre estaba bajo el mando de Martín Llanos, uno de los jefes paramilitares más influyentes de la región.
Aunque varios integrantes de las ACC han sido condenados —entre ellos mandos medios y un agente de inteligencia militar— las familias insisten en que la verdad sigue siendo parcial.
Señalan que aún falta esclarecer completamente la cadena de mando, el rol de otros miembros de la estructura armada y posibles omisiones institucionales de la época.

Dos décadas después, el acceso pleno a la verdad y la reparación integral sigue siendo una deuda pendiente.


Las víctimas:

1. Luís Ángel Gil Orduz, de 30 años de edad, ingeniero.

2. Tania Leonor Correa Pidiache, de 21 años de edad, estudiante de Medicina de la Fundación Universitaria de Boyacá.

3. Mercedes Rivera, de 22 años de edad, trabajadora de la Administración Municipal de Paya.

4. Luis Arturo Cárdenas, de 29 años de edad, director de la Umata de Paya.

5. Isidro Alba Guío, de 54 años de edad, docente y sindicalista, director de Núcleo en Aguazul

6. Jonh Fredy Poveda Bayona, de 17 años de edad, universitario.

7. Luís Miguel Melo Espitia, de 17 años de edad, ayudante del bus.

8. Abel Cudris Rodríguez, 52 años de edad, comerciante, padre de familia, residente en Soata.

9. Gonzalo Rincón Barrera, de 30 años de edad, ingeniero sanitario residente en Sogamoso.

10. Luís Alejandro Pérez Fernández, de 22 años de edad, estudiante de la UPTC.

11. José Antonio Mongui Pérez, de 52 años de edad, comerciante residente en Sogamoso.

12. Jairo Isidoro Peña, de 48 años de edad, desempeñó varios cargos públicos, esposo de doña Herminda, tenían un almacén de víveres en Labranzagrande.

13. José Bertulfo Noa Rosas, agricultor de 50 años de edad.

14. Herminda Blanco de Peña, de 44 años de edad, profesora y esposa de don Jairo.

15. Hernando Gómez Garavito, de 32 años de edad, conductor del bus.

La peregrinación de la memoria

Desde 2007, familiares de las víctimas, sobrevivientes, campesinos y organizaciones sociales realizan cada 1 de diciembre una peregrinación desde Sogamoso hasta un memorial construido cerca del sitio de la masacre.
La caminata incluye actos de memoria, lectura de los nombres de las víctimas, ofrendas y espacios de reflexión.

Organizaciones como COS-PACC, movimientos de víctimas y entidades de memoria han acompañado año tras año esta conmemoración, insistiendo en que recordar no es solo un acto simbólico, sino una forma de proteger la dignidad de quienes murieron y de quienes sobrevivieron.


Boyacá y Casanare: una memoria compartida

Aunque el crimen ocurrió en territorio boyacense, las heridas abarcan también a Casanare.
La estructura paramilitar que ejecutó la masacre nació y se consolidó en este departamento, y varias de las víctimas tenían vínculos laborales, familiares o educativos en municipios de ambos lados del límite territorial.

Por eso, la memoria del Páramo de La Sarna es una memoria binacional entre dos regiones que han cargado juntas el impacto de la violencia armada.


La pregunta que sigue abierta

A 24 años de los hechos, la comunidad insiste en que recordar La Sarna es más que una ceremonia anual: es un llamado a no permitir que la impunidad borre los crímenes contra la población campesina, a exigir verdad completa y a fortalecer la memoria histórica como herramienta para que estos hechos no se repitan.

Cada paso que se da hacia el memorial, cada vela encendida y cada nombre pronunciado en voz alta, es una manera de decir:
La Sarna no se olvida. La memoria sigue viva entre Boyacá y Casanare.

Casanare Hoy – con César Colmenares

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